No deje solo al niño

luciérnaga ciega

Editorial

La ciencia de hacer relojes de sol personalizados consiste en siluetearse la sombra con tiza y a continuación irse a por un mandao. Una vez hecho el mandao, se vuelve al mismo sitio y se vuelve a siluetear la sombra. Se pueden poner posturas distintas, levantando un pie, saludando, y así varias posturas.

Trauerarbeit

Antes de que nos demos cuenta habrán vuelto con sus pequeñas excusas y sus grandes planes. Una pequeña excusa muy frecuente es eso de que es mejor para ti. Fuerte tontería. Todo el mundo puede darse cuenta de que eso no es verdad porque nada es mejor para nadie nunca. Y lo de los planes es que ya es de risa. Como si las cosas que pasan pudieran ordenarse en el tiempo.

No creo que se arreglaran mucho las cosas si las excusas fueran más grandes y mejores, o si los planes fueran más humildes y terrenos. Pero sería un principio.

Demostratio ex motu

Pasa cierto tiempo entre avistamientos pero qué delicia cuando los vemos. Circulan con sus camiones enjaezados y en ellos pone invariablemente Veiculo longo en la parte de atrás. Tienen varias filas de luces cortas, algunas de color verde, y letreros luminosos donde se puede leer el nombre del conductor o el de sus hijas.

Los camioneros cowboys duermen en sus camiones formando círculos con ellos como los de los carromatos del oeste. Esto se ve en unas explanadas que conocen sólo ellos. En canteras abandonadas, y en basureros o polígonos industriales venidos a menos. Los camiones con luces de Navidad todo el año. Azules, verdes y rojas. Algunas de estas personas no duerme jamás en otro sitio que no sea la caja de un camión. Incluso las putas se las suben al camión cuando paran en los clubes de carretera. Así no me acostumbro a lo bueno, dicen.

Esto podría suceder en casi cualquier parte. Podría pasar en un almacén en Texas o en Granollers. Allí son las grandes estepas de cemento y los concesionarios de coches de marcas raras. Muchas marcas dicen ser coreanas pero no es verdad.

Allá viven extraños carroceros que obtienen su sustento de adaptar el chasis de viejas tractoras a las nuevas dimensiones de container europeo. Son el equivalente de los sabios o de los santos, y también los que viven subcontratados por los propios camioneros y no hablan ningún idioma europeo, o, para ser exactos, hablan idiomas que se hablan exactamente en el corazón de europa pero que son lo menos europeo que hay. Europa tiene en el corazón exactamente lo contrario de lo que pretende ser.

Eso es lo que hay, principalmente, aunque también hay más cosas, que tampoco quiero yo engañar a nadie.

Muchísimos penachos grises y hierba azul infantil, pueblo pastoso encostrao en ladera pastel, patria dulce de hombres y cerdos que unidos estamos en la obra del jamón.

La pesadilla que se muerde la cola

Los cerdos no son personas. Al abrir un cerdo no hayamos corazón alguno, sede de los sentimientos, ni cerebro, generador de los humores, ni rastro de hígado, que es donde los humores se aniquilan y se da lugar a la emoción y al pensamiento que domeñan a la sentimentalidad del corazón con mano de fieltro pero con riendas de duro mazapán.

Al abrir un cerdo no hayamos órganos como los nuestros, hayamos vianda. Hayamos chorizo, que es un órgano del cerdo, y chorizo de freir, que es un órgano del cerdo (como el melocotón lo es de su almíbar simbionte), y otro órgano más especializado es el chorizo de salamanca, y el submódulo del sistema morcíllico y para-morcíllico, con sus morcillas con o sin arroz, y salada y dulce, y hasta varios tipos de mortadela y hasta de jamón, que es, pese a la creencia popular lo peor del cerdo, y que puede ser de york o de bellota, como las personas pueden ser rurales o de ciudad. Una persona de ciudad no entiende qué cosa sea una bellota.

En cambio, morros y oreja y ese constructo que es cara de cerdo mordiendo blandamente una manzana en una campaña a favor de la fruta. Todas esas partes sólo son órganos en apariencia, y sólo forman parte de forma multivariada de otros sistemas, sin gozar nunca de cláusula de exclusividad, de lo que llamamos “tema propio”. Es decir, estar dotado de algún teorema en un libro, o de ejemplo en una encicopleida moral, o dictamen propio en las cortes. O capítulo especial en las categorías de alzados.

Los módulos son a su vez sistemas de varios órganos. Como por ejemplo el módulo de los brazos. Es este un módulo compuesto de dos brazos. El brazo izquierdo y el brazo derecho. Estos brazos se balancean a la distancia del ancho de una persona sin brazos. La dicha persona existe de facto a modo de solidificación corpórea de una evitabilidad de conflicto: de hallarse, los dos brazos se pellejarían hasta el final, como hacen otras tantas cosas que no son brazos.

O el módulo de comer macarrones, conocido, o el del dinamismo, digo yo que obvio, o el de la rabia corpórea y teguminosa. El asco de sudor viscoso que moja la espalda al pensar en la persona odiada. Todo esto son órganos y como tales entran para examen.

Juba y la academia de las américas

El bar en el que sólo sirven Disaronno es tope de raro. Me hace preguntarme qué es lo que hay ahí fuera, si será todo cierto y lo que pasa es que me equivoco de bares. En el bar en el que sólo sirven Disaronno la conversación es siempre equívoca y versa sobre equívocos. Al contrario de lo que pasa en el mundo real, los equívocos no son permanentes ni irrevocable, o no lo son en el sentido habitual del término. Los conceptos flotan justo más allá de lo aprehensible. Se aceptan por igual verdades y mentiras, en un mullido colchón alógico y amoral. Algo pasa.

Existe siempre sólo un solícito camarero y sólo existe por vez una única tribu de clientes, siempre al borde de una separación o de un viaje, o de una primera comunión o un bautizo. El camarero ocupa su segundo plano con todo el empaque de un secundario de lujo. Es un Peter Lorre. Es Saïd Auita haciendo de liebre para los primeros 5000 metros.

Seguramente la calle donde está el bar donde sólo sirven Disaronno no la puede cruzar ni un pollo sin recibir un tiro, ese es el qué. De ahí que prolonguen interminablemente el momento de levantarse de la mesa, recoger los abrigos del guardarropa, despedirse en la puerta, irse cada uno por su lado a recibir una bala.

El poncho cripto-tropical domeñará a la chilaba.

Este fue el último bastión.

Aquí fue el último grito de occidente y, por su parte, de la democracia como esa forma de la convivencia que entendemos como el respeto a la convivencia en se y per se en el seno de la constitución que por nuestros propios torpes medios a nosotros mismos nos hemos dado.

Que al revés se lee:

Dado hemos nos mismos nosotros a medios torpes propios, nuestros porque constitución la A se per y se en conciencia en respeto el cómo entendemos qué convivencia la dé forma esa como democracia, la de parte sú, por y occidente de grito último. El fue aquí.

Estrambote con reflexión sobre la muerte, el mar y la desesperación, o bien: la entradilla constante acerca del Nuestra Señora de Getxu, o bien: cómo rehogué en cebolla y me comí mi propia pierna.

Los conceptos leidos al revés se caen del significado y los podemos ver, sueltos, conservando el sentido por un instante, como la luz postmortem de una luciérnaga, del mismo modo que conservan los peces al mar en su interior todavía por unos instantes mientras brillan juntos al sol en la cubierta, un segundo antes de morir.

Agitándose por llevar el mar dentro.

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~ por purranki en enero 20, 2006.

2 comentarios to “No deje solo al niño”

  1. He formado un complejo sistema de círculos concéntricos con las entrañas morcilloides de una luciernaga uniformada. Siguiendo las instrucciones que tan amablemente indicas en tus líneas me he ido a unos mandaos. Al regreso el sol se había puesto, el significado estaba pocho y el mar, sólo el mar, estaba en su sitio. Entero, salado y disimulando.

    Es un mundo extraño este en el que montamos a los niños en una vespino con cabeza de papanoel y encima la tenemos atada con una cadena…

  2. Se agradecen todas las reapariciones, sean nebulosas o cristalinas como el cristal cristalino, del nuestra señora. Había ganas, he ganas de leerla. Creo que todos las hemos. Seguramente las hayamos, en adelante.
    Un saludo,
    Fer–

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