Se ha perdido pepito

la revolución no será televisada

Editorial

Todo parece más grande en el vídeo que graba 40 canales a la vez durante un mes. Una vez terminado el mes, puede uno escarchofarse en el sofá y quejarse durante todo julio de lo mala que era la programación de junio, mientras se hace zapping de forma cada vez más rápida.

Kinder kirche küche

Otra de las cosas es que cada vez que el ojo cambia de posición durante la observación de, por ejemplo, un glúteo, el cerebro anula la imagen borrosa que se percibiría durante el movimiento. Eso viene a sumar más de una hora al día. Una hora de glúteos borrosos que nuestro propio cerebro nos escamotea creando una falsa sensación de continuidad.

Eso es una tragedia porque, aparte de glúteos borrosos se pierden oportunidades de negocio. Sincronizadas con las sacadas de ojos se podría implantar la percepción de espacios delimitados de publicidad, mikimauses anunciando wotijos, zarandajas a mil por hora, decenas de kilowatios de compresas y detergentes y miniprecios que podrían estar entrando por la retina del observador.

Pues yo con el agua de fregar me sale un caldo riquisimo

Inventaron una máquina que hacía lo mismo pero de forma más eficiente:

Cambiaba cada vez más rápido los canales de la tele. Uno podía sentarse provisto de cortezas de cerdo para todo el mes y dejar que el televisor hiciera todo el pesado trabajo de cambiar. Conseguir la utopía de estar perfectamente inmovil y pasivo, con el culo mental abierto al universo audiovisual televisivo.

Al final los canales cambian tan deprisa que todo es incomprensible y la pantalla no es más que un rectángulo de blanco centelleante que parece que quiera decirnos algo. Y lo que parece que quiera decirnos se parece de momento a ese rugir de diez mil gargantas sin control cerebral que se puede escuchar sobre todo en campos de fútbol y en otros experimentos sociales con seres humanos reales y vivos como los de verdad.

Quedando entonces perfectamente gratinado

Otra de las cosas que había pensado es que habría que ver la tele al revés. En vez de pensar en lo que saquen por la tele, pensar *detenidamente* antes de encenderla en qué es lo que queremos ver y hacer como si la tele sacase las cosas en las que pensamos.

Un poné. Si estamos pensando en Batman, pues si en ese momento sale un albanyil, que sea el malo de Bámban, míster ládrilling, una especie de dino-gorila pasmoso que ataca a la humanidad construyendo toda clase de promocionej in-nobiliarias y de constructos coralíneos de autoformaciones habitacionales urbanizadiles que a nadie favorecen.

Que lo que ves en la tele es un partido de fúmbo? Pues entonse es Bámban el que mira el partido y el que vibra síncrono con nuestra cromaticidad futbolera. O piensas en los posibles garabatos futboleros que podría hacer Batman gracias a su cinturón de herramientas.

Bámban, por ser héroe y por ello aún más desconocido que secreto, debajo de su máscara nos oculta también su filia por un equipo u otro. Pretensión imbécil de neutralidad. O bien el tema de que al sufrir en el partido lo que pasaba es que el mundo entero se había incendiado con llamas invisibles y él buscaba muy atento a ver si había atentados malos o a ver si se centraba un poco.

O como si la perenne capacidad para el enmasque de nuestro heroino le proporcionase péñora para el sarpullido repentino en derredor del mal. Con qué arbitrariedad y desparpajo parece forzarnos a aceptar ese biombo imaginario que separa al mal del bien. Una síntesis de asociaciones y simplificaciones en torno a lo social, un deseo sexual sublimado y ya tenemos a nuestro héroe

O bien si pensar en Tyson todo ser Tyson. Cereales Tyson, aspiradores Tyson. Todos los flipantes objetos de consumo que el libre mercado nos brinda. Todo Tyson. Y todas las traiciones Tyson, las esperanzas Tyson, los desengaños Tyson, los odios, las fuerzas, los arañazos. Tyson, Tyson. Tyson. Todo Tyson.

Sangre por todas partes

El Nuestra Señora de Getxu avanza renqueante por lo que parece ser una interminable extensión de monotonía. Con aire de dipsómano recorro las cubiertas comprobando las diferentes variedades de la desesperación.

Cuando no hay otra referencia temporal se recurre a las cicatrices. Un arañazo mediano tarda dos semanas en curar. Uno profundo puede tardar un mes y medio. Es una manera de hacer propias las fechas, de marcar los nudos de la cuerda invisible que a todos nos ahorca.

Nuevo orden mundial

Torturar a personas obligandolas a mantener posturas incómodas hasta ver deformados sus tendones, transformandoles en seres grotescos que caminan con dificultad vomitando sonidos ininteligibles. Nosotros seremos esos seres algún día y con algo de suerte no recordaremos absolutamente nada.

Deformar a nuestros hijos obligandoles a llevar corsé y a dormir en jaulas, a llevar escayolados brazos y piernas durante años hasta convertirse en improbables insectos translúcidos, ávidos de luz y de vitamina D, obligándonos a verlos crecer calibrando el alcande de las increibles malformaciones que afectan a sus extremidades.

Asistir al circo, al cine y al teatro y dejar pasar toda la representación con los ojos cerrados y arrasados en lágrimas porque sólo nosotros conocemos el verdadero alcance de lo que allí se representa. Debemos asistir para hacer de espejo, para contener el horror, hacer de primer rompeolas, impedir que lo representado inunde lo real. Si la primera oleada de fantasía creada por la película de Bambi consiguiera llegar hasta la churrería de la esquina, entonces estaría todo perdido.

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~ por purranki en marzo 18, 2006.

3 comentarios to “Se ha perdido pepito”

  1. ayer me quedé dormido viendo una peli. Era de jack nicholson. Pero no sé quien era el asesino porque ayer me quedé dormido viendo una peli. Era de jack nicholson. Pero no sé quién era el asesino porque me quedé dormido. Era una peli de jack nicholson. me quedé dormido. no sé quien era el asesino. ayer ví una peli de asesinos. jack nicholson me quedé asesino. ayer dormido ví al asesino de jack nicholson. peli de ayer: el asesino de los dormidos.

  2. decían en un bar que lo mejor de la revolución era cuando las chicas arrojaban los sostenes a una pira donde ardían juguetes educativos, botellas de jack daniels, cascos de motorista, batitas de rayas de un parvulario y demás objetos elegidos arbitrariamente por su nulo valor sentimental. nada dijeron de la tele. en realidad todos callamos cuando en la tele una maciza se quitaba los sostenes. nos olvidamos de los bomberos, de los motoristas y de los parvularios. a menudo en los bares basta con las azafatas de frenando al oso.

    y sí, mantengo lo dicho, dos bleturges tan seguidos ya es pajilla.

  3. Yo tuve un periquito verde que se llamaba “emilio”, lo casé con una periquita de las del español que se llamaba “princesa”; las tortugas de Florida eran “Mortadelo” y “Charles Barkley”. “Charles Barkley” se escapó un día por el desagüe de la terraza y tardó año y medio en volver, parecía que venía de la guerra, de barro hasta las cegas, algo arrepentido. Los dos Hamsters: “Estrella” y “Romo”. Pero es que todo esto está mal, porque el que se llamaba pepito era el pez naranja y no el loro. Yo tuve un pez naranja que se llamaba pepito, me lo mató la asistenta un mes de agosto.

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