Insectos



Down by numbers

Para mí es lo mejor que hay

Editorial

Hay más de quinientos puntos interesantes relativos a cualquier triángulo. Tres puntos cualesquiera definen automáticamente del orden de quinientos puntos, desde puntos fundamentales y necesarios, como el baricentro o el ortocentro, a una sucesión interminable de centroides y centritos que se relacionan entre sí dando lugar a extraños y sorprendentes teoremas. Circunferencias que pasan a la vez por nueve puntos, rectas que unen tres o cuatro centros fundamentales del triángulo. Bisecciones y áreas inscritas y circunscritas. Coincidencias inexploradas y coordenadas que nos hablan en un lenguaje en el cual es posible la tautología pero no la imbecilidad. Un lenguaje en el cual toda mentira lleva a una contradicción. Un lenguaje en el cual ni siquiera los dioses podrían seguirnos mintiendo.

Tres simples puntos dan para un análisis profundo y riguroso de miles de páginas. Si tuviera que vivir para siempre en una isla desierta me llevaría un palo para dibujar en la arena. No me llevaría novelas ni muñecas hinchables, ni nada que me recuerde la apariencia de otros seres humanos.

El premio Nóbel de homeopatía

Para acabar con las polémicas lo que hay que hacer es aplicar el método doble ciego a las ostias consagradas. De esa forma podríamos ir aislando cuál es la causa de la tan cacareada falta de espiritualidad de estos tiempos modernos. Si es verdad que se encuentra en la televisión y los videojuegos, o si por el contrario habría que hacer exámen de conciencia no vaya a ser que las causas de la falta de espiritualidad se encuentren directamente en una mala calidad de los productos espirituales propiamente dichos.

El método doble ciego se haría más o menos así: se divide a los feligreses en dos grupos. Al grupo A se le dan ostias consagradas, y al grupo B se le dan ostias sin consagrar. Todo tiene que estar aleatorizado de forma que ni los feligreses ni los sacerdotes que administran las ostias tengan nunca conocimiento de cuáles son las ostias consagradas.

A continuación, se constata el sentimiento de unión con Dios que haya experimentado cada cual, y se elimina el azar por métodos estadísticos, y se observa qué es lo que queda. Se pasa el test si los feligreses responden de forma positiva a las ostias consagradas de forma significativamente superior a la manera en que responden a las no consagradas.

Para ser admitido como cura sería necesario pasar el test doble ciego de forma consistente y repetible.

Si resulta que el problema es que las ostias consagradas son indistinguibles de las que no lo están, entonces significa que Jesús habita siempre en todo el pan o bien que no habita nunca ni ha habitado jamás. En cualquier caso, la información de tipo “Jesús” se ve disminuida y se podría proseguir con una simplificación de la liturgia.

Se podría, por ejemplo, comer pan bimbo al menos una vez al día en el caso de los muy religiosos. Se ahorraría así la molestia de la misa, dado que la consagración se habría mostrado del todo ineficaz.

Eso sería una opción. Otra opción sería trasladar la discusión teológica al fumadero del que nunca tendría que haber salido, y lo que es el chiringuito en sí de repartir ostias y vaticanos y demás, pues habría que ir liquidándolo, y emplear la pasta amasada a lo largo de los siglos para lanzarse a una loca loca investigación para modificar e identificar las sustancias del sacramento (las palabras rituales, la coreografía) hasta que vuelva a ser eficaz en el caso de que lo haya sido en alguna época histórica, o hasta que lo sea por vez primera y que la probabilibad de detectar al cristo esplendente por parte de los comulgandos sea incompatible con el azar o la locura.

Nolli turbare circulos meoswhatsthedeal

Era un martes o un miércoles. Eran las 3:45 de la madrugada. Yo iba a toda caña dando golpes con la mano abierta en el capó. Con toda la música ochentera a todo volumen. En un Clio 55 CV. Que era el coche de mi mujer. Adelanté en ciudad a un coche de la secreta. Me persiguieron. No me podían pillar. No me dieron el alto. Me dieron el “al”. Llevaba un jersey rosa fucsia con el arcoiris y un mono. Y un peinado atrevido. Lo compré en Chueca el jersey. Los zapatos los llevaba en punta. Llevaba, adicionalmente, un guardacasete con restos de marihuana en la guantera. Y una caja llena de botellas de vodka y ginebra en el maletero. Iba a toda castaña yendo inflao.

Things that wash up un the beach

Más desorientados aún que los delfines, enjambres de osos panda en peligro de extinción aparecen varados en la playa picoteados de moscas y gaviotas. Qué lleva a estos grandes mamíferos a hacerse a la mar, medio hostil para ellos, y qué

Sólo el tiempo nos dará la respuesta a estos fascinantes interrogantes.

Hay que ver más televisión.

Hay que ver más televisión, y no menos, como se obstina todo el mundo en decir. Para exponer mi punto de vista emplearé una imagen sacada de un documental de la 2, de esos que todo el mundo dice que ve en vez de ver Salsa Rosa.

El documental no era de osos panda, sino de cetáceos marinos. No me acuerdo de qué cetáceo en concreto, pero seguramente la descripción de su parada nupcial pueda acabar por identificarlos.

El método de apareamiento que practican estos cetáceos es una especie de violación colectiva. La hembra se aparea repetidamente con la misma media docena de machos durante toda una semana.

La estrategia de inseminación es por desbordamiento. Cada balleno intenta que su lefarazo constituya al mismo tiempo una ducha vaginal que elimine los restos de semen de los anteriores concursantes.

Al cabo de varios días, la hembra dice que chapa la barraca y se acaba todo un poco con mal rollo. El último de los machos que ha conseguido depositar su semilla es el que se lleva el gato darwinista al agua, digamos. No es el primero, es el último.

He querido traer a colación esta imagen para explicar mi punto de vista: Es sólo al final, con el coño mental escocido y ya con asco por la propia actividad televisiva, cuando podemos encontrar lo importante. La imagen que sí que vale más que mil palabras.

En su tumba hay latas de cerveza

Cada vez que muere alguien a bordo llevamos a cabo el ritual completo del funeral marinero. El ritual completo está únicamente un escalón por encima de tirar simplemente el muerto al agua. El ritual completo consiste en repartirse las cosas del muerto y envolverlo en una sábana junto con algo que haga de lastre. El lastre sirve para que el muerto se hunda y no tenga la mala suerte de volver a visitarnos.

No sé hasta qué punto son leyendas con moraleja de propósito higiénico, pero se explican con frecuencia casos de muertos que han vuelto al barco en busca de su cuchillo o de cosas por el estilo. No es mi intención darle credibilidad a ese tipo de asuntos. Pero es cierto que hay días de calma chicha en los que es difícil adivinar si hemos progresado o no alguna docena de metros. En esos días probablemente sería difícil perder de vista cualquier cosa que lanzásemos por la borda.

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~ por purranki en octubre 15, 2006.

2 comentarios to “Insectos”

  1. Claro, pero ¿qué dibujarías en la arena? ¿triàngulos? No, seguro dibujarìas caritas.

    Placebo, asì se llama el test doble ciego.

    A todo lo demàs, que sí

  2. Ya era hora, Don Purranki.
    Fer–

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